PUERTO MONTT
La tierra comenzó a sacudirse. El mar se apoderaba de la ciudad y cada uno de sus habitantes buscaba el más seguro refugio para no sufrir las consecuencias del terremoto del año 60.
En una modesta vivienda del sector Lintz, un matrimonio y sus tres pequeños hijos se aterraban ante la magnitud del sismo, estaban desesperados pues su casa podía caerse y terminar con sus vidas, sin dejar rastro y sólo siendo una cifra más en Puerto Montt.
Mientras el cielo adquiría un color mucho más oscuro, el padre de familia Guillermo Huenante, recogió con sus cansadas manos a su esposa y sus dos pequeños hijos, buscaron por todos lados un apropiado lugar o una casa que los acogiera, pero nada. Sólo recibían el rechazo de la población quienes aún estaban perturbados tras el movimiento de tierra y la agresividad del mar.
Todo estaba confuso en la mente de Guillermo Huenante, sintió desesperación por entregarle a su mujer un refugio y así darles de comer a sus hijos. Fue ahí cuando en un costado de su destruída vivienda observó con esperanza una cueva, la cual le permitiría recuperar fuerzas después del terremoto y volver a su vida normal.
Cuenta la historia que el sismo fue de tal magnitud que «la mente de Huenante quedó perturbada» y ya nunca más volvió a ser el mismo.
Así este hombre, que llegó con su madre desde Calbuco y que estudió en la Escuela Industrial destacándose como arquero en el Deportivo Centinela, dejó de ser una persona normal para aquellos tiempos

LA TRAGEDIA

Entre la maleza y en un oscuro lugar de roquerío permaneció Huenante junto a su esposa e hijos por varios años. De ello, incluso da cuenta el diario El Llanquihue en su edición del 24 de noviembre del año 1962, con un titular que grafica: «Una familia vive en una cueva en calle Los Leones de Lintz».
Fue en ese mismo lugar donde Huenante se perturbó mentalmente. Cuenta la historia que por años mantuvo a sus hijos y a su esposa amarrados y golpeándolos e incluso sus vecinos lo recuerdan. «Yo me acuerdo que este hombre tenía su mujer e hijos en una cueva, parece que la madre de él traía comida y los huesitos que sobraban eran para sus hijos y su esposa», cuenta una antigua mujer de barrio Lintz.

TRAS SU CAPTURA

Así pasaron algunos años de denuncia, entre el 1966 y principios del 1967, los vecinos del barrio Lintz estaban desesperados así que decidieron llamar a la policía para que capturaran a este sádico hombre.
Fue la tarde del 4 de enero del año 1967, cuando un gran contingente policial trepó por la ladera de la Calle Los Leones a la altura del 739, para capturar a este hombre. Todos recuerdan aquella ocasión y qué sucedió hoy en el barrio Lintz. «Yo me acuerdo que hubo harto revuelo en la población, que venían a buscar a Huenante y que vivía por este cerro. No me acuerdo mucho sólo que a todos nos asombró el operativo», contó la vecina de aquellos años Carmen Ampuero.
Las condiciones de vida de esta familia eran abrumadoras. A pesar de estar en el siglo XX vivían de una manera primitiva y en un riel de aquella cueva estaba amarrada su mujer, quien con temor aún relató su pesadilla, a quienes llegaron al lugar. «Los periodistas y Carabineros conocimos del caso y fue muy impactante porque daba cuenta de un caso social, humano y siquiátrico», contó el periodista Juan Barrientos.
Fue en ese momento cuando se rescató a sus hijos Hilda de 10 años, Máximo de 6 y Juan de 1 año, quienes al igual que su madre sufrieron los temores y las amenazas de Huenante. «En el tiempo del terremoto se volvió loco y furioso, y me arrastró hasta la cueva donde me amarró con cadenas y me golpeaba continuamente», declaró la esposa de Huenante, Nelda Maragaño, en uno de los relatos del historiador Juan Velásquez.

ASESINATOS
Pero la terrorífica historia no tuvo su punto final al liberar a esta familia, los policías encontraron en el interior de la cueva los cuerpos de dos niños, quienes habrían sido hijos de Huenante, criaturas inocentes que nunca fueron sepultadas y que no recibieron el sagrado funeral. Según declaraciones de la esposa de Huenante, ambas criaturas habrían sido asesinadas por el hombre a puñetazos.
De acuerdo a los antecedentes entregados por el historiador, a Huenante se le condenó por secuestro, privación de libertad y maltrato de su esposa e hijos, además de haber quitado la vida a sus pequeños Gloria de 6 años y Enrique de 1 años. También se condenó a su madre Juana Díaz, por cómplice.

Nelda Maragaño junto a su pequeño hijo

Página del diario el Llanquihue días posteriores a la captura de José Huenante

Hasta hoy nunca más se supo de Huenante.Se dice que fue enviado a Santiago a un hospital siquiátrico por sus perturbaciones. Tampoco se aclaró si efectivamente fue el asesino de sus hijos o sólo los sepultó ni qué fue de esos pequeños y madre cuyo recuerdo está en su mente. «Nunca se supo si mató o no a sus hijos. Sólo se sabe que se fue a un hospital pero nada más», relató Barrientos.

Cuenta la leyenda que Huenante sigue por ahí, caminando con su larga barba por diferentes lugares, y que espera recuperar a su familia, que desquiciadamente intentó mantener a su lado.

Relato Tania Markez

Fuente Diario el Llanquihue

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